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March 26, 20213k
EL VINO Y LOS ARTISTAS. Baudelaire pensaba que una de las grandezas del hombre era su constante aspiración a "reanimar sus esperanzas y elevarse hacia lo infinito". En un mundo poblado de miserias, dolores, sufrimientos y mezquindades, el hombre siempre buscaba crear sus propios "paraísos artificiales ". El vino, consumido con moderación,  era uno de los mejores vehículos para lograrlo. De hecho, ya a partir del siglo III a. C. se origina en Grecia un debate en torno a la relación entre el vino y los artistas. Así,  por un lado, estaban los defensores del vino como fuente de inspiración divina, los "oinopótai"; por el otro, estaban los bebedores de agua, los llamados "hydropótai". Los artistas aficionados al vino defendían que bajo el dominio de Dioniso, sus obras resultaban más "vigorosas" y "espontáneas", más vivas y llenas de sentimiento que las frías composiciones inspiradas por el agua. De hecho, se decía que tanto Esquilo como Aristófanes habían compuesto sus obras bajo los efluvios del vino. Por ello, pronto fueron dichos comunes: "¿a quién no hace elocuente la abundancia de copas?", o "bebiendo agua no podréis producir nada bueno". Por mi parte,  me gusta pensar que el vino puede ayudarnos a crear ciertos "paraísos". Así, ya sea en la mente de cada uno: aligerando nuestras penas y dotándonos de esperanza.  Ya sea en nuestro entorno: favoreciendo la comunicación y la sociabilidad, o, en el caso de los artistas, ayudándoles a crear mundos mejores, más bellos, alegres y coherentes. Quién sabe si alguno de esos "paraísos", salidos de sus manos y sus mentes, no lograrán, algún día, transformar nuestro mundo en eso, un Paraíso. Si los artistas pueden inspirarnos, brindo por lo que inspira a los artistas!! ?? ? @monteserinfotografia
March 19, 20216.3k
Una bofetada al corazón.   Hay un dicho de Aristóteles que reza así: "Nada hay en mi intelecto que no haya pasado por mis sentidos". Pues bien, parece que en la Alemania de Goethe existía una costumbre que llevaba al extremo ese aforismo. Así,  durante cualquier acto singular o trascendental que aconteciera en la vida de un niño, su padre le propinaba una sonora bofetada para que no olvidara el momento, el motivo, ni el lugar. La bofetada inscribía en la memoria del niño lo trascendental de ese momento: la colocación de una primera piedra, un acontecimiento histórico,  el logro de algún premio, la muerte de algún familiar, etc... No se trataba de un castigo, sino de una forma física para que el niño vinculara la emoción del momento con su importancia y su familia: el padre era el nexo, el vehículo  para que el niño aprendiera del momento y recordara. Tras la vivencia, la bofetada; tras la bofetada, la memoria. Hoy en día las cosas han cambiado... pero no tanto. Los padres siguen abofeteándonos, pero ya no se dirigen al rostro, sino al corazón: a veces, en un momento crucial, basta con una mirada suya, una palabra, un gesto, una sonrisa o un abrazo, para que logren entrar en nuestro corazón y sellen allí, para siempre, su recuerdo. Desde ese momento y a lo largo de nuestra vida, numerosas veces nos asaltarán esas "bofetadas" al corazón: recordaremos el momento y la experiencia... y el corazón latirá con otro ritmo, con otra vida... Feliz día del padre. ?? Imagino que @guillermocampra aún recuerda alguna "bofetada"... ? ? @sarapresi